La niña
Yo estaba esperando en el pasillo, es una niña dijo la
enfermera.
No la vi llegar.
Esa vez no pude entrar a ver el parto como las otras veces,
y fue tan delicada que no se hizo sentir no hubo dolores de parto, no tuvo nada
de que nos preocupáramos.
Después su risa fue incomparable, su alegría, sus tristezas,
sus preocupaciones, sus anécdotas, las mías, sus juegos con su hermana, su amor
por su gato.
Fue siempre muy especial, envuelta en un halo de maravillosa
luz no pasó desapercibida por acá.
Yo estaba en España, la voz de su hermana del otro lado del
teléfono, el llanto de su madre.
No la vi partir.
Solo que esta vez si hubo dolor, del más feo, del que dura mucho tiempo, del que no se va.
Quizás no decidió llegar a este mundo, o quizás sí, no lo sé,
solo puedo suponer que sola decidió irse.
La niña II.-
De los hijos de la paseadora una
tiene tiene dientes negros y sonrisa blanca.
Las manitos le cuelgan como
ropitas mojadas, la palabra se pelea por salir de sus labios y los ojitos
elevan las cejas al hablar.
Sus piecitos grandes no pisan la
arena, tampoco la gramilla, sus oídos no escuchan la palabra papá.
Su corazón es grande y dulce, la
niña es amiga y le teme a la noche sin luz, la niña distinta tiene sueños de
señora y lágrimas de niña.
Un día. -
Sin darme cuenta de lo que hacía
un día descubrí una vida que me gustaba, es decir, vi una vida al pasar y me
resulto muy agradable eso que transitaba frente a mi, aunque algo triste y
olvidada, a partir de entonces comencé a prestarle más atención y me asombré de
las cosas que se manifestaban en ese andar por caminos intrincados y
desconocidos por mi hasta entonces, sinceramente asombrado pensé si sería capaz
yo de manejar algo tan emocionante como una vida así. Confieso que no fue fácil
asumir esa responsabilidad, pero valió la pena. Hoy después de mucho andar y
una gran pelea con ensañamientos y rigores propios y ajenos, soy dueño de mi
vida y voy montado en ella al mando de las riendas, cara al viento, feliz y
emocionado conduciendo mi propio destino.
Un día (2)
Un
día descubrí que mi vida iba por caminos que desconocía, no me había dado
cuenta hasta ese momento, entonces tomé la decisión de observarla y empecé a
contemplarla, y descubrí que era hermosa y me dieron ganas de subirme y empezar
a conducir, entonces desde ese día conduzco el volante de mi destino.
La noche. -
Me gusta más la noche, y por una simple razón. Es
que allí viven todos los animales, incluso los perdidos para siempre, y los
árboles y las plantas de todo tipo, y el sol sin humo, como el agua cristalina.
Y los hombres y mujeres que allí viven no tienen guerras ni conflictos. Y creo
que así será para siempre, hasta que despierto.
Despertar. -
Arrebujado miro las arrebujadas mantas que me tapan
en la cama tibia, frío el aire y fría la mirada de los celestes ojos de
Celeste, que sobre el plano de la mesa observan el plano que deberá entregar
mañana en la mañana.
Amor. -
La vida siempre le pegó muy duro, sin embargo, el
la seguía amando. Pero un día, una noche, el abrió sus brazos y voló por la
ventana cerrada de la habitación. Y desde el cielo la saludó con la mano sin
pañuelo y la vida lloró por primera vez.
Mirada pequeña. -
Desde el balcón veo un gato en un macetero. Tiene
sueño y me mira con desgano. Es lo único vivo por allí, entre mis ojos y el
universo.
Amores. -
Te amaré por siempre, en silencio y a la distancia.
Es aburrido.
Te amaré a pesar de todo, pero todo era muy pesado.
Fastidio.
-
Lo
quise empujar, sacarlo de mi lado. Era sumamente desagradable, hedía mal y
tenía malos modales. Por mucho esfuerzo que hice se quedo adentro mío.
Esperanza.
-
Murió
el músico y pasó lo siguiente: El piano quedo atosigado de melodías a la espera
de que alguien las libere.
La
bailarina y el soldado. -
Llevaban
una vida feliz. Él era soldado. Tenía un traje verde. Ella bailarina de ballet
con su tu tú de tul blanco. Se enamoraron a primera vista. Mariana les cocinaba
en su cocina moderna y ellos estaban en su comedor antiguo. Se hizo de noche, a
Mariana le dio sueño y los guardó a cada uno dentro en una caja en la casa de
muñecas.
Vuelo. -
Me desperté esta mañana y quedé
en paz mirando la nada. Mi respiración pausada y profunda me recordó el vuelo
agraciado de la garza. Y en sus alas volé por el tiempo.
Vincent. -
El sol deja una huella en mi
habitación. Desearía que fuese un parque, pero lo miro desde una silla.
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