Debo reconocer que al casi al final de mi recorrido, habiendo creído conocer los vericuetos de océanos y mares, ríos y lagos, había conseguido al fin la serenidad de haber completado un ciclo de aprendizaje y culminado con el conocimiento suficiente para considerarme un ser privilegiado.
Aprender el idioma que se habla en el Baikal y soportar la rudeza de su extremado clima fue casi tan duro como transitar el Amazonas con su humedad, calor y la insoportable presencia acuciante de insectos de infinitas formas y tamaños intentado extraer lo que podían de mi sangre, no obstante, llegue a interpretar y manejar con esmero el portugués de los locales, atacados por nativos que insistían en inyectarnos curare con sus dardos.
Entre Tailandia y la china en un junco pude hablar tailandés y mandarín, conocer las historias fantásticas de aquellos mares, de aquellas gentes, de sus vivos y de sus muertos.
El estrecho de Drake o el cabo de las tormentas terminaron siendo para mí, paseos de descanso, perdí el miedo a la muerte y ya nada me sorprendía.
Vi morir gente, amigos y enemigos, conocidos y desconocidos, de mil formas, con sangre o con agua, con fuego o con soga al cuello
Reconozco que, si bien aprendizaje y conocimiento parecen pate de la misma idea, pero toda aquella experiencia de vida me permitió obtener un aprendizaje que con el tiempo se convirtió en conocimiento, que yo creí, sinceramente era sabiduría.
Era yo realmente un niño cuando mis padres murieron trágicamente, quedé a la deriva y un viejo marino con mucho de pirata me tendió su mano salvadora y me subió a su nave, fue allí cuando y porque comencé a recorrer el mundo y todos y cada uno de sus vericuetos, conocidos o desconocidos, algunas de aquellas aventuras nos llevaron a mares y costas que aún no existen en los mapas.
Fue también por eso que siendo aún muy joven pude amasar una pequeña fortuna que me permitió retirarme de aquella actividad para comenzar otra etapa en mi vida.
Oh gran sorpresa la mía cuando distraído descubrí ese océano inmenso, inexplorado, indómito y aterrador.
Ese océano que de pronto y sin buscarlo, apareció sin pedir permiso, irrumpió salvaje en mi vida y me hizo ver que aquello que yo creía sinceramente tener absolutamente dominado era solo una pequeña bahía apacible en un mar de paz y tranquilidad.
Si realmente estaba seguro de haber recorrido y penetrado en los misterios de aguas dulces y saladas, mansas y bravías, apacibles y tenebrosas, es porque la impericia de juventud me había hecho creer que ya conocía todo. jamás imaginé que ante mí se desplegaría un océano, mas terrible, mas tenebroso, inexplorado y completamente desconocido por la humanidad.
Solo yo ante aquella inmensidad, oscura, profunda, huracanada, que desprevenido, aterrado y desconsolado descubrí.
Entendí después de ese golpe terrible, traumático y solo cuando pude tomar conciencia, que se desplegaba ante mi ese océano: Mi vida.
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