Un camino pedregoso marcó el principio de aquel viaje que, con la ilusión de todo adolescente, comencé una calurosa noche de verano.
A poco de iniciar aquel viaje la mañana se presentó brumosa, quizá como sería el recorrido que me esperaba más adelante, pero sentía muy dentro de mí la certeza de que se aclararía poco a poco, como al final sucedió aquel día.
Por cierto que no sabía dónde iría a terminar, pero cada paso me alejaba más de aquella inocencia para adentrarme a un mundo lleno de sorpresas.
Descubrimientos que, de todos, los que más me asombraban eran los que de mi propia persona aparecían, como llamándome desde adentro para exteriorizarse como algo que pujaba por salir de mí, transformando aquella personita en algo cada vez más seguro de sí mismo.
Al pasar recordé aquel libro que me había regalado mi tío Jorge donde el gato le decía a Alicia "si caminas mucho a algún lado vas a llegar" o algo parecido, y eso me impulsaba más a dar otro paso hacia lo desconocido.
Entonces crucé trigales y ríos, avenidas y desiertos, hubo días negros y noches blancas y también personas, si también personas, allí están ustedes, todos ustedes.
Recuerdo a la abuela Teresa y Poe.
De todo y todos aprendí cosas, y hoy me veo aquí, las piedras no me lastimaron y creo que algún día ese camino tendrá un fin, pero ya no me importa.
Las piedras están y seguirán estando, ya son parte del paisaje, en una de ellas quedó la inocencia, pero de lo que estoy seguro y he aprendido es que es un buen camino.
Aquello que unía las dos mitades de mi vida podía llamarse de varias formas, para algunos es un puente para otros un istmo, para mí solo un portal que unía mis dos realidades, pero más allá de las denominaciones que podamos darle, lo trascendente estaba en aquello que componía aquellas dos mitades.
Por lo general, algunos de nuestros maestros nos enseñan a mirar lo evidente, pero otros, aquellos que están ocultos en los vericuetos de nuestro recuerdo nos han ido haciendo ver lo que otros no tienen en cuenta y ese es el punto, mi vida hasta ese momento se dividía entre lo cotidiano y los sueños.
Por un lado el trabajo, las responsabilidades, la nebulosa que nos plantea el fut uro, la solidez de nuestras relaciones que a forma de árboles se elevan a nuestro alrededor.
Por otro, y casi diría como la imagen proyectada desde un espejo, la vida de los sueños, de las ilusiones.
Tan parecidas, pero tan distintas.
Una controversia que desde aquel momento dejé de lado, porque después de un corto análisis, pero no por eso simple, pude comprender que vale la pena cruzar el puente, asumir el riesgo y flotar en ese lago de ilusiones nadando entre todas aquellas quimeras que parecían tan lejanas.
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