La niña
Esperaba en el pasillo, es una niña dijo la enfermera.
No la vi llegar.
Esa vez no pude entrar a ver el parto como las otras veces.
Y fue tan delicada que no se hizo sentir, no hubo dolores de parto, no tuvo nada que nos preocupáse.
Después su risa, su alegría, sus tristezas, sus preocupaciones, sus anécdotas, las mías, su incondicional amor por mamá, sus juegos con su hermana, su amor por su gato.
Fue siempre muy especial, envuelta en un halo de maravillosa luz, no pasó desapercibida por acá.
Yo estaba en España, la voz de su hermana del otro lado del teléfono, el llanto de su madre.
No la vi partir.
Solo que esta vez si hubo dolor, del más feo, del que dura mucho tiempo, del que no se va.
Quizás no decidió llegar a este mundo, o quizás sí, no lo sé, solo puedo suponer que sola decidió irse.
La niña II.-
Dejó la silla vacía.
Mas el aire lleno de recuerdos.
Sus pasos sin sonido se escuchan
por las madrugadas.
Antes de que salga el sol saca esas
fotos que no se ven, pero están ahí, presentes, vivas, imágenes grabadas como
las marcas de un cincel sobre la piedra.
La voz y su risa, el ruido del
agua cuando se zambulle a la pileta.
Carcajadas incontenibles ante una
ocurrencia mía, el dolor por la muerte de Máxima, aquella gata negra que tiraba
por el suelo su arbolito para las navidades.
Aparece siempre, para mostrar su
sonrisa, sus respuestas irónicas y divertidas con su mueca inconfundible de
dientes separados y me hace alguno de sus chistes, para que yo inocentemente me
crea lo que me responde.
Mamaaaaa se escucha a lo lejos, y
la abraza a su hermana.
Y se ríe, y lo llama a Felipe y
lo besa a Magno y abraza a Fidel, le da de comer a Fiona y acaricia a Máxima
que la muerde desprevenidamente.
¿Dejo la silla vacía?
La niña III.-
De los hijos de la paseadora una tiene tiene dientes negros y sonrisa blanca.
Las manitos le cuelgan como ropitas mojadas, la palabra se pelea por salir de sus labios y los ojitos elevan las cejas al hablar.
Sus piecitos grandes no pisan la arena, tampoco la gramilla, sus oídos no escuchan la palabra papá.
Su corazón es grande y dulce, la niña es amiga y le teme a la noche sin luz, la niña distinta tiene sueños de señora y lágrimas de niña.
Un día. -
Sin darme cuenta de lo que hacía un día descubrí una vida que me gustaba.
Es decir, vi una vida al pasar y me resulto muy agradable eso que transitaba frente a mi, aunque algo triste y olvidada, a partir de entonces comencé a prestarle más atención.
Me asombré de las cosas que se manifestaban en ese andar por caminos intrincados y desconocidos por mi hasta entonces, sinceramente asombrado pensé si sería capaz yo de manejar algo tan emocionante como una vida así.
Confieso que no fue fácil asumir esa responsabilidad, pero valió la pena. Hoy después de mucho andar y una gran pelea con ensañamientos y rigores propios y ajenos, soy dueño de mi vida y voy montado en ella al mando de las riendas, cara al viento, feliz y emocionado conduciendo mi propio destino.
Un día (2)
Un día descubrí que mi vida iba por caminos que desconocía, no me había dado cuenta hasta ese momento, entonces tomé la decisión de observarla y empecé a contemplarla con más detenimiento.
Entonces descubrí que era hermosa y me dieron ganas de subirme y empezar a conducir, entonces desde ese día conduzco el volante de mi destino.
La noche. -
Me gusta más la noche, y por una simple razón.
Es que allí viven todos los animales, incluso los perdidos para siempre, y los árboles y las plantas de todo tipo, y el sol sin humo, como el agua cristalina.
Y los hombres y mujeres que allí viven no tienen guerras ni conflictos.
Y creo que así será para siempre, hasta que despierto.
Despertar. -
Arrebujado miro las arrebujadas mantas que me tapan en la cama tibia, frío el aire y fría la mirada de los celestes ojos de Celeste, que sobre el plano de la mesa observan el plano que deberá entregar mañana en la mañana.
Amor. -
La vida siempre le pegó muy duro, sin embargo, el la seguía amando.
Pero un día, una noche, el abrió sus brazos y voló por la ventana cerrada de la habitación.
Y desde el cielo la saludó con la mano sin pañuelo y la vida lloró por primera vez.
Mirada pequeña. -
Desde el balcón veo un gato en un macetero.
Tiene sueño y me mira con desgano.
Es lo único vivo por allí, entre mis ojos y el universo.
Amores. -
Te amaré por siempre, en silencio y a la distancia.
Es aburrido.
Te amaré a pesar de todo, pero todo era muy pesado.
Fastidio. -
Lo quise empujar, sacarlo de mi lado.
Era sumamente desagradable, hedía mal y tenía malos modales.
Por mucho esfuerzo que hice se quedo adentro mío.
Esperanza. -
Murió el músico y pasó lo siguiente: El piano quedo atosigado de melodías a la espera de que alguien las libere.
La bailarina y el soldado. -
Llevaban una vida feliz. Él era soldado. Tenía un traje verde. Ella bailarina de ballet con su tutú de tul blanco.
Se enamoraron a primera vista.
Mariana les cocinaba en su cocina moderna y ellos estaban en su comedor antiguo.
Se hizo de noche, a Mariana le dio sueño y los guardó a cada uno dentro en una caja en la casa de muñecas.
Vuelo. -
Me desperté esta mañana y quedé en paz mirando la nada.
Mi respiración pausada y profunda me recordó el vuelo agraciado de la garza.
Y en sus alas volé por el tiempo.
Vincent. -
El sol deja una huella en mi habitación. Desearía que fuese un parque, pero lo miro desde una silla.
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